Cuando la educación es un negocio

Durante mi adolescencia, por razones que no vienen al caso, dejé de estudiar en primero de bachillerato. Una decisión que, dentro de que pudiera ser mejor o peor, marcó mi caracter y mi vida de una forma única.

Trabajé más o menos durante unos años y en el año 2001 decidí matricularme en un centro de bachillerato de adultos, para poder ir sacando algunas asignaturas, poco a poco, sin prisa pero sin pausa. La realidad es que ese año saqué alguna asignatura, creo que Religión o algo por el estilo. Seguía trabajando y no le presté mucha atención.

En el 2002 volví a matricularme de nueve asignaturas que me quedaban en primero. No saqué ninguna asignatura, quizás una. Por aquel entonces me fui a trabajar a Cataluña. Cuando volví en el 2003, quise matricularme en el máximo de asignaturas que podía juntando las de primero y segundo de bachillerato, 18 asignaturas.

Desde la funcionaria de la secretaría hasta mis amigos, pasando por mis padres me dijeron que sería imposible sacar 18 asignaturas, pero gracias a una norma de flexibilidad del ministerio de educación era factible hacerlo. Una locura, pero factible.

Durante el primer y el segundo trimestre no estudié nada, aunque me presenté a algunos exámenes. Legó Mayo y aprobé dos asignaturas de primero de bachillerato. Quedaban 16 asignaturas que aprobar.

Inciso: Hoy considero que los consejos que me dieron fueron acertados, pero si hay una cosa de la que puedo sentirme orgulloso es que cuando algo se me mete entre ceja y ceja, no paro hasta que lo consigo.

Y entonces pasó. Decidí apuntarme a una academia, y durante los meses de Julio y Agosto asistí a clase durante 10 horas diarias para prepararme las asignaturas y la selectividad. 16 asignaturas, las más duras.

Y aprobé 16 asignaturas y la selectividad. 7,26 de nota media. En dos meses, gracias a esa flexibilidad.

¿A que viene todo esto?

A que las asociaciones religiosas, alegando que esta flexibilidad "afecta a la configuración de los centros privados" han conseguido que el Supremo dicte que va contra la ley.

Pues mi respuesta es que si les afecta, que dejen el negocio. Yo respeto que ellos sean centros religiosos de educación financiados con fondos públicos en mi país aconfesional, pero espero que ellos no hagan que alumnos como yo tengan que verse obligados a estar un año más sólo porque un centro privado quiera que sus alumnos se matriculen en cursos completos.

La educación no debería ser un negocio para nadie, debería ser completamente pública y deficitaria, al igual que la Sanidad, y no deberíamos permitir que chupasangres de ningún tipo tuvieran derecho a jugar con las ilusiones y el esfuerzo de los alumnos.

No hay un bachillerato de tres años encubierto. No afecta a los alumnos. El supremo ha decidido a favor de la ley, sí, pero hoy han ganado los chupasangres.

Hemos perdido todos. Han ganado, otra vez. Y ya van N.