Próxima estación
Sinceramente, creo que hay una ruta trazada para cada uno de nosotros. Cada día estoy más convencido de ello. Es más, creo que hay una ruta que siempre redunda en un plano positivo hacia cada una de las personas.
Ahora bien, en nuestra mano está dejarnos llevar por esa ruta, o aferrarnos a la seguridad de que a lo mejor nos puede pasar algo mejor. Por eso hay personas que pasan su vida esperando a ganar la lotería pero que nunca han hecho nada por hacerse ricas.
Es más, hay personas empeñadas en aferrarse a una estación y no moverse nunca. Para ellos es más importante ser los reyes de la estación de un pueblo pequeño antes que enfrentarse al cambio que supone ir a una nueva, mayor y más moderna estación. Y para ello no dudan en enfrentarse a su propia ruta, sino que además procuran interferir en la de los demás. Son, como los definiría Cipolla, "Estúpidos peligrosos".
Yo me subo a todos los trenes que pasan. Y me bajo cuando veo, o siento, que llegan a su fin. Siempre con la intención de ir hacia otro tren. No importa que sea para subirme a otros trenes más pequeños, o con rutas que no tienen por qué llevar a grandes estaciones. En innumerables veces me habré equivocado, y probablemente lo siga haciendo, pero lo importante no es mirar atrás, es aprender de los errores y mirar adelante, siempre adelante. Los errores nos hacen crecer como personas, y los aciertos muchas veces nos llevan a una disonancia cognitiva que hacen que veamos un acierto cuando es un error, o lo que es mucho peor, un acierto cuando en realidad no es nada.
Eso es autocomplacencia, que además conduce inexorablemente a la mediocridad.
El gran acierto de una persona es entender que cometer un error es el regalo más grande que te ofrece la vida.